Hoy en día, existen millones de
personas que sufren de
diferentes condiciones médicas.
Algunos sufren males físicos, ya
sean patológicos o adquiridos
como el cáncer, leucemia, SIDA,
etc. Otros sufren de
enfermedades mentales como
depresión, ansiedades, miedos o
preocupaciones. Y aun peor,
existe otro grupo de personas
que sufren de la más destructora
y dolorosa enfermedad, el cáncer
espiritual el cual se manifiesta
en síntomas de violencia, odio,
deseos de venganza, chismes,
envidia, falta de caridad, falta
de fe y por supuesto, falta de
amor.
Como por naturaleza nosotros
rechazamos el dolor, todos
andamos buscando la sanación. No
en balde, cada vez que las
personas escuchan que habrá una
noche de sanación, el lugar se
abarrota. También la gran
respuesta a los programas como
“La Oración da Paz” en Radio Paz
donde uno llama para pedir
oración es otra muestra de la
necesidad y deseo de las
personas de sanarse porque
nosotros no fuimos creados para
el dolor. El dolor entró en el
mundo, en nuestro cuerpo, en
nuestra mente y en nuestra alma
por culpa del pecado.
Y
ya que esta aquí hay que lidiar
con el. ¿Pero cómo? ¿Cómo
pudiéramos librarnos de
cualquier condición física,
mental, o espiritual? ¿Cómo
pudiéramos regresar a normalidad,
a aquellos buenos tiempos donde
dicha condición todavía no había
aparecido en nuestras vidas? ¿Cómo
me puedo sanar?
Dichas preguntas son testimonio
de un agudo y agobiador
cansancio y más si son
pronunciadas después de
atravesar otra hora más de dolor
y desesperación.
No
ves la salida ni la cura a tu
mal. Estás perdiendo la fe. Las
drogas ya no funcionan. El
alcohol tampoco logra silenciar
tu alma herida y presa. Estás
deprimido. Tu mente te traiciona.
Tus amigos no te comprenden. Ya
has recurrido a todo tipo de
recurso y nada. Ya no puedes más.
¡Que triste!
Pero, aunque parezca todo
imposible y sin sentido, no te
desanimes. Claro que no.
Alégrate porque tu respuesta tan
anhelada ya esta aquí. Tu
respuesta es tu prójimo. Si,
como has leído. Tu
prójimo será el puente a tu
sanación interior.
Aunque parezca raro, el secreto
para prevenir o sanarse
de casi
todas las condiciones físicas,
mentales, emocionales o
espirituales es la entrega al
servicio del prójimo. Yo se que
mi afirmación es un poco fuerte
pero la respaldo 100%. Permíteme
explicarte.
Un
día analizando, me preguntaba ¿por
qué habían personas que a pesar
de haber recibido un buen
tratamiento médico, tener apoyo
familiar, tener un ejército de
personas creyentes orando por
ellos y de poseer un fuerte
deseo de sanarse seguían
enfermos y atados a la misma
condición?
Entonces le pregunté a Jesús el
¿por qué? “Pidan y se les dará.”
Y en ese momento en Radio Paz
escuché la oración de San
Francisco de Asís. Sobretodo la
segunda parte:
“¡Oh! Maestro, has que yo no
busque tanto
Ser consolado, sino consolar.
Ser comprendido, como comprender.
Ser Amado, como amar.
Porque dando se recibe
Olvidando, se encuentra
Perdonando, se encuentra el
perdón
Muriendo, se resucita a la vida
Eterna.
¡Qué
sabio San Francisco! Si lo
analizas detenidamente te darás
cuenta que tiene sentido porque
cuando uno vive solo para si
mismo en su mente no hay otro
pensamiento que “Lo que me pasa
a mi” “Yo soy el enfermo” “Yo
solo estoy cansado” “Nadie me
entiende” “Estoy deprimido/a...no
me molestes” “No me importa lo
que le pase a los demás” “Como
me siento yo es lo único que
importa y así puedo hacer que
todo gire a mi entorno, recibir
un trato especial” y lo mismo
siempre aburre y empalaga. ¿Por
qué ustedes creen que el mar
muerto está muerto? No porque lo
mataron sino porque no tiene
salida. Día a día se consume a
si mismo. Por eso es que es tan
salado y amargado. Sin embargo,
el mar de Galilea corre y nutre
las aguas del río Jordán. Piensa
en los demás, no en ti mismo.
Se
pudiera decir que en muchísimas
ocasiones uno entra en
depresiones y en ansiedades
porque esta enamorado y casado
consigo mismo (el/ella es el
centro del universo) y la
interacción con el prójimo es
mínima y condicional a tus
necesidades. Entonces, como el
agua que no corre se estanca y
se pudre, finalmente uno termina
tomándose su propia amargura, su
soledad, sus miedos y sus
preocupaciones. De lo contrario,
la persona que se relaciona,
participa y se ocupa de otros es
como el agua que corre y genera
vida en sus orillas. Rara vez
está triste. Saliéndose
uno de si mismo es que uno
encuentra sentido a su dolor y
sanación.
El
padre Viscaino, director del
SEPI, dijo en un Retiro que
el amor es el otro.
Otra forma de decirlo
sería: “que tus aguas
corran hacia el prójimo.”
Salte de tu propio
altar donde sacrificas día a día
tu desgracia y comienza a
ofrecer tu vida a otros.
Comienza a combatir tu egoísmo y
estrechar la mano a tu prójimo
aunque no tengas ganas,
aunque tu enfermedad parezca
impedirlo,
aunque creas que el necesitado
eres tú. Si
quieres sanarte, debes hacerle
la lucha a tu encerramiento en
ti mismo, a tu egoísmo. Este
es el antídoto a tu dolor, el
remedio a tu enfermedad.
Yo
se que lo menos que te esperabas
es encontrarte con tu propia
verdad, con tu propio egoísmo. Y
menos que fuera yo el que te
confrontara porque a nadie le
gusta que le señalen las faltas
y menos en un momento de dolor.
Hasta parece una cosa insensible
de mi parte pero te digo que
no lo es.
Era y es necesario que lo
escuches porque la verdad es lo
único que te hará libre.
“Así conocerán la verdad y la
verdad los hará libres.” (Jn.
8:32)
¿Qué
puedes hacer? Es muy fácil.
Desde tu cama, comienza hacer
algo. Escríbele a algún amigo
que hace rato que no ves. Llama
a tus seres queridos y diles lo
agradecida que estas por su
preocupación y cariño. No
desperdicies ninguna oportunidad
de hacer algo. Esto mantendrá tu
mente enfocada en lo que estas
haciendo (ayuda a
mami/abuelita a balancear la
chequera, llama a algún familiar
y ofrécete a ayudarlo en las
cosas que necesite y que tu
puedas hacer desde la cama como
llamadas por teléfono. Lee
libros buenos y la Biblia—trata
de aprenderte uno o dos párrafos
de un escrito favorito, mira
programas instructivos, toma
apuntes y luego compártelos por
teléfono, llama a un
amigo y ora con él o por él,
envuelve regalitos para
los que te han ayudado,
escríbeles una cartica, consigue
una lista de las personas que
necesitan oración y reza siete
veces al día por ellos, piensa
en todo lo que podrás hacer
cuando te sanes por
tu prójimo,
crea una agenda, ofrece tu
dolor, etc). La idea es
que te olvides de ti y pienses
en el otro.
¿Qué te parece? ¿Por qué no
pruebas mi consejo? Después de
todo, yo no te pido lo
imposible. Ni tampoco te pido
que abandones las
recomendaciones o tratamientos
profesionales. Sólo te pido que
te abras a tu prójimo y que
dejes de pensar solo en ti. ¿Qué
dices, te animas?
Señor, ayúdame a ocuparme de mi
hermano porque ocupándome de sus
necesidades es que tu te
ocuparás de las mías. Envía tu
gracia y tu amor para llenarme
del mismo y vivir siempre lo que
dice la canción “Amar es
entregarse...olvidándose de
si...buscando lo que al otro,
pueda hacer feliz...” Amen.
Gaudium ET Spes #24 “El hombre
solamente se puede encontrar a
si mismo a travez de su propia y
sincera entrega.”
Disclaimer: Esta información es
verificada pero no garantizada.
No es la intención del grupo que
sea usada como base para un
diagnostico o decisión sino que
son consejos a considerar.
Jóvenes Voceros de Cristo, sus
lideres, ni la Iglesia
de St. Agatha se responsabilizan
por el mal manejo de la misma.
Es
exclusivamente responsabilidad
del lector su buen uso.
|