|
Hace poco leí en el Miami Herald
acerca de un empleado ejemplar de un
Publix del condado Broward. Este
empleado tiene 21 años y se dedica a
embolsar las compras de los
clientes. Él es considerado uno de
los mejores empleados de este
establecimiento. ¿Qué es lo que lo
hace extraordinario?
Lo que hace a este joven especial es
que cumple con su trabajo de una
manera muy responsable y que también
sabe repartir muy bien sus ganancias.
Cuando recibe su salario, divide sus
ganancias en tres partes: sus
ahorros, sus gastos y el diezmo
(10%) para su iglesia. Lo increíble
de esta historia es que este joven
padece del síndrome de Down y sin
embargo, a pesar de su padecimiento
mental, posee un gran sentido de la
responsabilidad. Sus padres están
muy orgullosos de él y dicen que
además ayuda en la limpieza de la
casa, fregando y pasando la
aspiradora. Y todo lo hace con
gusto.
Yo no sé de ustedes, pero este
muchacho ejemplar me puso a pensar.
Me hizo sentir admiración y
vergüenza a la misma vez. Yo pensé
en el mal uso que nosotros le damos
a nuestros talentos, nuestro tiempo
y nuestro dinero. Estamos bendecidos
de que poseemos facultades mentales
normales, salud, juventud, talentos
y mucho más y lo mal gastamos. Dios
no nos da solamente la riqueza
económica, sino a cada uno le da
talentos y tiempo para cumplir con
nuestra misión en la Tierra.
Sin embargo, hay jóvenes como este,
que no han recibido tanto como
nosotros, pero dan mucho más fruto.
Creo que Dios puso a los seres
“incapacitados” como este en nuestro
camino para enseñarnos muchas
lecciones: la importancia de la
humildad (en nosotros), la
responsabilidad, el agradecimiento y
el servicio. Esta es la forma en la
cual Dios se comunica con nosotros,
mostrándonos el ejemplo de seres
extraordinarios para que hagamos la
comparación con el comportamiento
nuestro. Les puedo decir hermanos,
que sentí que mi sentido de la
responsabilidad se quedó corta.
Se puede aprender una lección
muy importante con el lema de
Spiderman (el Hombre Araña).
Este superhéroe no le gusta
particularmente estar dotado de
poderes especiales, pero el
cumple con su deber porque dice
que con “el gran poder viene
gran responsabilidad”. (With
great power comes great
responsibility) Todo esto nos
lleva a entender que Dios nos
exige mejor uso de nuestro
tiempo y dinero para ayudar a la
humanidad y para la gloria de
Él. Es cierto que ahorrar y
organizarnos mejor nos ayudará
también personalmente, pero
cuando hacemos decisiones acerca
del estilo de vida, si ponemos a
Dios como prioridad, el enfoque
cambia.
De acuerdo al artículo
“Spending, Saving and Sharing”
por Phil Lenahan, la mayoría de
las personas quieren más y más,
independientemente de lo que
ganan. En una encuesta se les
preguntó a muchas personas con
diferentes poderes adquisitivos
que cuanto tuvieran que ganar al
año para sentirse ricos. Bueno,
los que ganaban $50,000 al año
dijeron que se sentirían ricos
con $100,000. Los que ganaban
$100,000 se sentirían ricos con
$250,000. ¡Hasta los que ganaban
más de un millón pensaban que
necesitaban más para sentirse
ricos! Esto demuestra que los
seres humanos somos insaciables.
No nos sentimos satisfechos ni
agradecidos con lo que tenemos,
sin importar la cantidad.
Como cristianos, tenemos que
recordar las palabras de San
Roberto Belarmino:<< Lo que nos
depara la vida, sea la
prosperidad y la adversidad, la
riqueza y la pobreza, la salud o
la enfermedad, los honores y las
humillaciones, la vida y la
muerte, en la mente de una
persona sabia no se buscan ni se
evitan por mérito propio. Pero
si contribuyen a la gloria de
Dios y a tu felicidad eterna,
entonces son buenas y deben
buscarse. Si le restan a esto,
son malas y deben ser evitadas.>>
En otras palabras, tenemos que
ver qué efectos tienen nuestras
acciones y metas; si nos acercan
más a Dios debemos de
continuarlas, si no, hay que
cambiarlas. Cuando pensamos en
qué manera vamos a disponer de
nuestros bienes materiales y
nuestro tiempo, hay que poner
esto en cuenta. El dinero que
nos sobra va a estar mejor
empleado para ayudar a nuestros
hermanos que viven en la pobreza,
no en cosas materiales que nos
endeudan y nos alejan de Dios.
El tiempo que nos sobra es para
el servicio de Dios y nuestras
familias que son nuestras
prioridades, no para
desperdiciarlo mirando la
televisión.
¿Qué hacer entonces? Pues hay
que tomarse un tiempo para
reflexionar en silencio, tal vez
en El Santísimo y preguntarle a
Dios si estamos dándole el mejor
uso a nuestro tiempo, talentos y
dinero. Se le puede consultar a
alguna persona que camine en los
pasos del Señor para que nos
ayude. Después de esto hay que
establecer metas y prioridades.
Cuando se ahorra, deben de hacer
lo que sugiere Phil Lenahan:
·
Ahorrar $2,000 como fondo de
emergencias.
·
Ahorrar los gastos de tres a
seis meses.
·
Empezar a ahorrar para gastos
grandes como la compra de un
automóvil o el depósito de
una casa.
·
Adelantarse en los pagos de la
hipoteca.
·
Planificar los fondos para el
retiro.
·
Asistir con los fondos de la
educación para sus hijos y
nietos.
·
Ahorrar para una herencia
razonable.
·
Empezar a dar el diezmo que es
importante para el Reino de Dios.
Lenahan, P. (2006) Lifestyle
decisions impact your savings
and spiritual health.
Catholic Exchange.
Retrieved June 21, 2006
|