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Cuentan que un día en el bolsillo del pantalón de un católico se
encuentran dos billetes, un billete
de $1 dólar y un billete de $20
dólares. Después de haberse
saludado, con ostentación el
billete de $20 exclama:
“¡Te cuento, mi vida es tan
divertida y tan volátil. Siempre me
sacan a pasear a muchísimos lugares.
He visitado restaurantes, cines,
centros comerciales (Mall), lugares
de negocios, de diversión, he
viajado a otros países, en fin,
estoy tan feliz.”
Billete de $1:
“ ¡Qué bueno, pero yo soy más feliz
que tu a pesar de que siempre voy al
mismo lugar!.”
Billete de $20:
“¡Si! ¿Y se puede saber por qué y a
dónde es que tu siempre vas?
Billete de $1:
“La razón que explica mi gozo es
simple. Mi secreto es que yo soy un
billete religioso y siempre voy a
misa todos los domingos.”
Tristemente, este pequeño cuento
ilustra una gran verdad del pueblo
católico. Así sea en la colecta
dominical con un dólar o un par de
dólares para cualquier otra misión
de la Iglesia, nosotros los
católicos no somos muy generosos en
nuestro compromiso como mayordomos
de los bienes de Dios.
Las razones varían. Quizás es por
hábito. Quizás es por tradición.
También pudiera ser por falta de fe.
Y es bueno que estemos conciente de
las razones principales que limitan
nuestra generosidad para cubrir las
necesidades del prójimo. Pero es aún
más importante comprender las
consecuencias que desfilarán detrás
de nuestra pobre actitud porque cada
vez que despreciamos la oportunidad
de bendecir a un hermano necesitado,
nuestras bendiciones que descansan
en los baúles celestiales quedarán
totalmente congeladas. Todos
queremos ser bendecidos pero no
todos estamos dispuestos a dar. Para
recibir hay que invertir.
Entrando un poco en el mundo de los
negocios, todo inversionista para
cobrar interés tiene que primero
depositar una cantidad de dinero y
dependiendo de la cantidad, así será
el interés que cobrará.
Mientras más dinero invierta,
mayor será el interés. Así sucede
con el campesino. Primero tiene que
invertir en las semillas, la
preparación del terreno, y la mano
de obra. Y por supuesto, mientras
más semillas siembre y más tiempo le
dedique al proceso, más grande será
la cosecha.
De igual manera funciona en el plano
espiritual. Si no siembras no
cosechas y si tu inversión es
pequeña, también será pequeña tu
recompensa.
En la palabra de Dios, encontramos
una lectura bien interesante y una
de mis favoritas—la
de la viuda que entregó lo poco que
tenía y se lo dio a Elías, profeta
de Dios. Esta lectura resalta la
gran recompensa que aguarda a las
almas generosas.
“En
aquel tiempo, Elías se puso en
camino hacia Sarepta, y al llegar a
la puerta de la ciudad encontró allí
una viuda que recogía leña. La llamó
y le dijo: «Por favor, tráeme un
vaso de agua para beber». Cuando
ella iba por el agua, Elías le
gritó: «Tráeme también un poco de
pan». Ella le respondió: «Te juro,
por el Señor tu Dios, que no me
queda ni un pedazo de pan; sólo me
queda un puñado de harina en la
tinaja y un poco de aceite en la
vasija. Ya ves que estaba recogiendo
un poco de leña para preparar un pan
para mí y para mi hijo; nos lo
comeremos y luego moriremos». Elías
le dijo: «No temas. Anda y prepáralo
como has dicho, pero primero haz un
panecillo para mí y tráemelo;
después lo harás para ti y para tu
hijo. “La tinaja de harina no se
vaciará, la vasija de aceite no se
agotará, hasta el día en que el
Señor envíe la lluvia sobre la
tierra”».
Ella fue e
hizo lo que Elías le había dicho, y
comieron él, ella y su hijo. Ni la
tinaja de harina se vació, ni la
vasija de aceite se agotó, como lo
había dicho el Señor por medio de
Elías.”
(I
Reyes 17, 10-16)
¡Qué curioso! Esta mujer no tenía
casi nada. Lo opuesto a nosotros que
siempre estamos llorando miseria a
pesar que nuestra despensa está
llena de reservas, tenemos dinero en
el banco, pagamos letra de un carro,
renta, entretenimiento, etc. Esta
mujer lo único que le quedaba en las
cabinas de la cocina de su casa era
un poco de harina y aceite para
comer una vez mas para después
sentarse a esperar la muerte. Sin
embargo, ella decidió entregar lo
poco que tenía al profeta (que
representa a Dios) y Dios mirando su
obediencia le multiplicó su entrega.
Imagínense que esta mujer le hubiera
dicho a Elías que no. Sin duda
hubiera perdido la oportunidad de
seguir viviendo porque lo que se
hubiera ahorrado con el profeta solo
le iba a durar más o menos un par de
días. Sin embargo ella fue
inteligente. Invirtió en la fuente
inagotable.
Ahora, ¿cuántos de nosotros seguimos
el ejemplo de la viuda? ¿Cuántos de
nosotros somos capaces de entregarle
a Dios esos $5 o $10 dólares que EL
nos pide los domingos, a pesar que
tal vez pensamos que eso es lo único
que nos queda?
Con 3 o 5 dólares en el bolsillo uno
puede ir a Burger King y adquirir un
hamburger, papitas y refresco pero
eso sólo te matará el hambre por
algunas horas. Con 20 o 30 dólares
uno puede ir al cine o a un
restaurante con la novia, pero la
semana siguiente esa salida será
historia. Con Dios la cosa es
diferente. Esos 3 o 5 dólares pueden
contribuir en la evangelización a la
vez que te garantiza que podrás
hacer varios mercados en el mes. Con
Dios esos 20 o 30 dólares le
permitiría a la campaña ABCD seguir
sus obras y a ti te representaría
sana diversión continua.
Por eso invierte con confianza. “«No
temas. Anda y prepáralo como has
dicho, pero primero haz un panecillo
para mí”.
Basta ya de decir que no puedes o
que no tienes. Con excusas nunca
lograrás que Dios te bendiga. Todos
podemos aportar algo porque tenemos
un Padre sumamente rico. Dios nunca
te va a quitar más de lo que te
dará. Tu solamente entrégale esos $5
o $10 dólares o lo que tengas y Dios
se encargará en revestir tu “poco,”
“Ni
la tinaja de harina se vaciará,
ni la vasija de aceite se
agotará.”
Disclaimer:
Esta información es verificada pero
no garantizada. No es la intención
del grupo que sea usada como base
para un diagnostico o decisión sino
que son consejos a considerar.
Jóvenes Voceros de Cristo, sus
líderes, ni la Iglesia de St. Agatha
se responsabilizan por el mal manejo
de la misma. Es exclusivamente
responsabilidad del lector su buen
uso. |