|
El objetivo se centra en
concientizar al joven aspirante a
cooperador salesiano, en el caso del
grupo, a Voceros de Cristo, de su
rol como testigo de Cristo,
especialmente en la vivencia
coherente de su fe a través del fiel
cumplimiento de las propias
obligaciones.
El trabajo humano:
colaboración
con Dios, contribución al desarrollo
humano y al bien común.
«Y bendíjolos Dios, y díjoles: "Sed
fecundos y multiplicaos y henchid la
tierra y sometedla; mandad en los
peces del mar y en las aves de los
cielos y en todo animal que serpea
sobre la tierra". Dijo Dios: "Ved
que os he dado toda hierba de
semilla que existe sobre la haz de
toda la tierra, así como todo árbol
que lleva fruto de semilla; para
vosotros será de alimento"» (Gn.1,28-29).
El trabajo humano procede
directamente de la persona, creada a
imagen de Dios,
llamada a prolongar la obra de la
creación dominando la tierra y
marcando con su impronta la materia
sobre la que trabaja y sometiéndola
a su voluntad.
Es para el trabajador y para
su familia el medio ordinario de
subsistencia; por él, el hombre se
une a sus hermanos y se hace un
servicio para practicar la verdadera
caridad y cooperar al
perfeccionamiento de la creación
divina. No sólo
esto. Sabemos
que, con la oblación de su trabajo a
Dios, los hombres se asocian a la
obra redentora de Jesucristo, quien
dio al trabajo una dignidad
sobreeminente laborando con sus
propias manos en Nazareth.
(Concilio
Vaticano II) (Pista 1)
Nazareth la casa del hijo del
artesano, cómo deseamos comprender
más en este lugar la austera pero
redentora ley del trabajo humano
«Además, cuando estábamos entre
vosotros os mandábamos esto: si
alguno no quiere trabajar, que
tampoco coma. Porque nos hemos
enterado que hay entre vosotros
algunos que viven desordenadamente,
sin trabajar nada, pero metiéndose
en todo. A esos les mandamos y
exhortamos en el Señor Jesucristo a
que trabajen con sosiego para comer
su propio pan» (2Ts.3,10-12) ».
De aquí se deriva para todo hombre
el deber de trabajar fielmente, así
como también el derecho al
trabajo(CVII 67)
El trabajo honra los dones del
Creador y los talentos recibidos.
Puede ser también redentor.
Soportando el peso del
trabajo, en unión con Jesús, el
carpintero de Nazareth y el
crucificado del Calvario, el hombre
colabora en cierta manera con el
Hijo de Dios en su obra redentora.
Se muestra como discípulo de
Cristo llevando la cruz de cada día,
en la actividad que está llamado a
realizar.
(Catecismo 2427)
El trabajo humano es entonces,
colaboración con Dios, contribución
al desarrollo humano y al bien
común. Al
realizarlo, el laico ejerce el
ministerio real de Cristo de manera
personal y propia en su vida
cotidiana. (Pista 2)
«Con el
sudor de tu rostro comerás el pan» (Gn.3,19).
Cada cual debe poder sacar del
trabajo los medios para sustentar su
vida y la de los suyos, y para
prestar servicio a la comunidad.
La remuneración al trabajo
debe ser tal que permita al hombre y
a su familia una vida digna en el
plano material, social, cultural y
espiritual, teniendo presentes el
puesto de trabajo y la productividad
de cada uno, asi como de las
condiciones de la empresa y el bien
común.
El trabajo es para el hombre y no el
hombre para el trabajo.
Es sin embargo demasiado frecuente
también hoy día que los trabajadores
resulten en cierto sentido esclavos
de su propio trabajo.
Lo cual de ningún modo está
justificado por la llamadas leyes
económicas. El
conjunto del proceso de la
producción debe, pues, ajustarse a
las necesidades de la persona y a la
manera de vivir de cada uno en
particular de su familia, teniendo
siempre en cuenta el sexo y la edad.
Al aplicar, con la debida
responsabilidad, a este trabajo su
tiempo y fuerzas, disfruten todos de
un tiempo de reposo y descanso
suficiente que les permita cultivar
la vida familiar, cultural, social y
religiosa. Más
aún tengan la posibilidad de
desarrollar libremente las energías
y las cualidades que tal vez en su
trabajo no puedan cultivar. (Pista 3
y 4)
Seis día
trabajarás y harás todos tus
trabajos, pero el día séptimo es día
de descanso para el Señor, tu Dios,
no harás ningún trabajo.
Ex 20, 8-10.
El trabajo en la actualidad:
La Misión del Laico
En la actualidad está cambiando
notablemente la situación del mundo
laboral por la automatización,
informatización y demás cambios
tecnológicos. Se
debe prestar mucho cuidado al sujeto
de trabajo, al hombre mismo en este
tiempo de fuerte predominio de la
técnica. El
trabajo requiere de las personas un
conjunto de virtudes y valores que
deben cultivarse y que darían
calidad al testimonio de los laicos:
preparación, competencia,
eficiencia, responsabilidad,
honestidad y solidaridad, etc.
Los laicos deben ser agentes de
cambio en la búsqueda de mejores
condiciones de trabajo, salarios, de
igualdad de condiciones de hombres y
mujeres, etc.
El trabajo como medio de
santificación
El trabajo puede ser un medio de
santificación y de animación de la
realidades terrenas en el Espíritu
de Cristo. La
vocación de los fieles laicos a la
santidad implica que la vida según
el Espíritu se exprese
particularmente en su inserción en
las realidades temporales y en su
participación en las actividades
terrenales. El
apóstol Pablo nos amonesta: Todo
cuanto hagáis, de palabra o de obra,
hacedlo todo en el nombre del Señor
Jesús, dando gracias por su medio a
Dios Padre.
¨Ora et
labora¨
Orad como si todo dependiese de Dios
y trabajad como si todo dependiese
de vosotros. Una
vez hecho nuestro trabajo , el
alimento veine a ser un don del
padre, es bueno pedirselo y darle
gracias por el¨ (Catecismo de
la Iglesia Católica
2834)
Pistas de
Reflexion:
1. En nuestro ambiente, ¿el trabajo
es visto y vivido como un servicio
al hombre o prevalecen otras
"reglas" del trabajo no coherentes
con la dignidad del trabajo y del
hombre?
2. ¿Nuestros "estilos de vida" son
coherentes con la concepción
autentica del desarrollo o habría
que corregirlos? ¿Qué podemos hacer
en nuestras comunidades eclesiales
para educarnos y educar a la
promoción del verdadero desarrollo?
3. ¿Qué incidencia tiene la
desocupación en nuestro país? ¿Qué
iniciativas se podrían tomar a nivel
de comunidad civil y de grupos
eclesiales para favorecer, sobre
todo entre los jóvenes, la
orientación y la inserción en el
mundo del trabajo y para crear
nuevas oportunidades ocupacionales?
4. En nuestro país, ¿existen formas
de explotación del trabajador?
¿Cuáles? ¿Cómo combatirlas?
5. ¿De qué forma
santifico mi trabajo cotidiano? Cómo
sirvo a mis hermanos con mis
trabajo?
Referencias al RVA:
Art. 10.
Para documentarnos:
1. Concilio
Vaticano II, Gaudium et Spes, nn.35;
64; 69; 71.
2. Concilio
Vaticano II, Lumen et Gentium, n.36.
3. Juan Pablo II, Laborem Exercens,
nn.5-6; 8-9; 18-20; 25.
4. Juan Pablo II, Sollicitudo Rei
Socialis, nn.28; 34.
5. Juan Pablo II, Centesimus Annus,
nn.31-32; 34-37; 41; 43.
6. Catecismo de
la Iglesia Católica,
nn.2427-2428; 2431-2436.
7. A.C.S.,
Comentario Oficial al R.V.A., pág.121-128
(10).
Los Padres Sinodales nos han dicho:
¨La unidad de vida de los fieles
laicos tiene una gran importancia.
Ellos, en efecto, deben
santificarse en la vida profesional
y social ordinaria.
Por tanto, para que puedan
responder a su vocación, los fieles
laicos deben considerar las
actividades de la vida cotidiana
como ocasión de unión con Dios y de
cumplimiento de su voluntad, así
como también de servicio a los demás
hombres, llevándoles a la comunión
con Dios en Cristo¨.
Comparándolo con la palabra
de Dios, el brotar y el expandirse
de los sarmientos depende de su
inserción en la vid.
¨Lo mismo que el sarmiento no
puede dar fruto por sí mismo, sino
permanece en la vid, asi tampoco
vosotros si no permanecéis en mi.
El que permanece en mi y yo
en él, ése da mucho fruto, porque
sin mi no podéis hacer nada ¨ (Christifidelis
Laici)(Pista 5) |