St. Agatha Catholic Church
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LA BATALLA CONTRA EL PECADO PARTE # 1 por Katherine Cueto


            Para meditar en esta reflección es esencial que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Qué piensas al escuchar la palabra pecado?  Me refiero a un pecado con el que por mucho tiempo has luchado y no has podido vencer. Una tentación que sabes es tormentosa y tal vez la mas difícil de superar. Te exhorto a que te hagas una segunda pregunta: ¿Por qué  crees que no lo has podido vencer? ¿Te rindes?

Entonces comencemos. Tu batalla contra ese pecado no ha sido exitosa porque tú decidiste no confrontar al pecado. No has tomado las medidas de prevención y has sustituido la disciplina por el pecado que satisface temporalmente. Sin embargo, el pecado lo que hace únicamente es posponer la solución al problema.
            Si tu situación actual es que te sientes frustrado o frustrada, y puede que hasta derrotado por ese pecado, es mi deber decirte que tienes la obligación de continuar luchando. Hermano, el darse por vencido no es una opción para el cristiano.  ¡El no confrontar un pecado tiene graves consecuencias!!
La primera es que perdemos el valor y el poder de consejo hacia otros. No ayudamos al otro a superar sus pecados porque tenemos temor de recomendar a Cristo como solución. Dudamos del poder de Dios para sacarnos del pecado.
Nos sentimos hipócritas al hablar de una solución. Nuestra conciencia nos acosa constantemente y nos reta con la pregunta: ¿Cómo puedes predicar una verdad que ni tú puedes aplicar? Y tristemente, no hay manera de ignorar la pregunta si tiene validez.
            La segunda y más grave consecuencia al dejarnos vencer por la tentación y no hacer nada al respecto es  la de caer en una inmunidad al pecado.
Esto si que es grave y te explico por qué. Muchas veces reconocemos el pecado, entendemos perfectamente su gravedad y su potencial de destrucción. Hasta nos arrepentirnos profundamente y hacemos la resolución de no volver a caer en lo mismo. Sin embargo no aplicamos la solución. Descuidamos esa área en la que somos vulnerables y no tomamos las precauciones para defendernos al llegar la tentación.  Entonces, caemos una vez más en el pecado y alojamos sentimientos de remordimiento, de culpabilidad, ansiedad,  hipocresía y de fracaso. Cada día que pasa el corazón empieza ha aceptar esos sentimientos y  poco a poco se solidariza con esta manera de sentir. El corazón empieza a creer que este sentir es normal y natural, porque se está justificando la causa o motivo, es decir, se están consintiendo malas acciones para satisfacer temporalmente nuestros sentidos.  Saboteamos la verdad. La verdad que sabemos con certeza ha sido sembrada hace mucho tiempo pero que dejamos por fuera tras seguir nuestros  impulsos y emociones de hacer lo que nos conviene.

Desafortunadamente para algunos cristianos esto se convierte en un círculo vicioso que incluye el arrepentimiento, y todos los pasos de la ley de Dios que como católicos seguimos y nos ponen de nuevo en gracia con Dios. Como por ejemplo el sacramento de la confesión, del cual participamos, y una vez absueltos, absurdamente llegamos a creer que se trata de una licencia para volver pecar. ¡Que HORROR!!

Puede ser que inconscientemente cometamos tan gran ofensa hacia Dios, como también  puede ser una mala costumbre fríamente calculada.  Pero no olvidemos que Dios nos dice en Mateos 4:7   “ No pongas, al Señor tu Dios a prueba."

Dice el famoso pastor Charles Stanley “Un corazón que escucha la verdad, cree la verdad, pero se rehúsa a aplicarla, termina siendo cada vez menos sensible a la voz del Espíritu Santo. Y es precisamente esa insensibilidad la que nos lleva a la autodestrucción. Ese comportamiento no es más que el rechazo al Espíritu Santo. Dios nos dice en la primera carta a los Tesalonisenses 5:19 “No apaguen el Espíritu Santo.”

Entonces para terminar, permíteme ahora sacar mi bandera roja para anunciarte PELIGRO!! Satanás quiere que te convenzas de que no puedes superar tu pecado. Lo cual no es verdad. Te reitero NO ES CIERTO. Tú SI QUE PUEDES!! Dios ya venció al pecado y a la muerte. Lo que sucede es que el enemigo se empeña en que creas que puedes convivir con la verdad de un lado y el pecado del otro. Tal cosa no existe. Mira lo que dice el Señor en San Mateos 6: 24 " Nadie puede servir a dos amos, porque será fiel a uno y despreciara al otro." Recuerda, ¡Jesús a los tibios los vomita!!

 
 

    


 


 

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