|
Written by
Carlos Coello |
|
Tuesday, 07 August 2007 |
El
trabajo es el medio que muchos
usan para lograr el éxito. ¿Y
qué ser humano no quiere ser un
hombre de éxito en su vida
profesional, espiritual,
universitaria, o sentimental?
Desde pequeños queremos
superarnos y librarnos del
fracaso o de la mediocridad. Nos
urge sobresalir. Algunos lo
logran. Otros fracasan. Y les
aseguro que los que fracasan no
es producto de la teoría de
Darwin en la cual el expone que
los animales más fuertes son los
que sobreviven y triunfan y los
más débiles fracasan. El éxito
es producto de dos factores de
la teoría de Jesús:
gracia
y voluntad.
Antes de delinear qué es el
éxito refresquemos el concepto
opuesto. El fracaso es producto
de la falta de voluntad de la
persona para romper el hielo de
la inmovilidad. Un ejemplo sería
el matricularse en el colegio.
Nos ponemos a pensar en el
proceso y lo que nos va a
costar—dejar de ver películas,
dejar de dormir las mañanas, nos
costará dinero, comodidad,
sacrificio, etc. Por eso es que
nos cuesta trabajo ir al carro y
manejar hacia el college o
escuela de enseñanza superior.
Es exactamente en ese pedacito
del proceso donde encontramos el
mayor desánimo y la mayor
dificultad porque hay que
aplicar una
fuerza
de voluntad extra.
Una vez que estamos en el carro
ya no hay problemas. Lo mismo
pasa con un objeto inmóvil. Para
romper la inercia, se necesita
aplicar una fuerza al comienzo.
Luego, el resto es más fácil. En
pocas palabras, el fracaso es el
fruto de la inmovilidad.
El
éxito es diferente. El éxito
depende de la gracia y de la
fuerza de voluntad de cada
persona. En la Biblia, la
palabra de Dios nos habla de un
éxito completo al cual todos
tenemos acceso. Si oramos, el
Señor nos colmará con una fuerza
sobrenatural para dar lo mejor
de nosotros en el lugar donde se
nos planta y así lograr nuestros
sueños. Ese es el verdadero
éxito. Ser todo lo que Dios
quiere que seas con las gracias
que El te provee. Pero para
completar la fórmula Dios
necesita de tu esfuerzo. Él no
puede hacer tu parte del trato
ni tú puedes hacer la del Señor.
El Señor pone la gracia. A ti te
toca entregar el
Fiat, el Si. Esta
es la combinación ganadora.
Hoy
en día hay muchos jóvenes
frustrados y amargados porque
sus vidas son un desastre y un
fracaso. ¿Estás tú en ese grupo?
Espero que no. Y si lo estás, no
te preocupes. Ya tienes la
solución en tus manos. Este es
tu trabajo hoy: superarte, vivir
a plenitud tu vida de cristiano.
La fórmula es simple. 1). Pide
al Señor la gracia y la
motivación para romper el hielo.
2). Comienza hoy diciendo “Sí
quiero cambiar.” Que el Señor te
bendiga en tu jornada.
|