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Después de un cordial y emotivo
saludo, de una demostración
auténtica e interesada por el
bienestar del hermano; después de la
pregunta transitoria: ¿Qué pasa que
ya no participas en el grupo o
vienes a misa?, llega la famosa
frase de respuesta: “Bueno, la
verdad es que yo no he seguido
asistiendo al grupo o a la Iglesia
porque la mayoría de las personas
allí son unos hipócritas.” ¿Alguna
vez has escuchado esta frase? Seguro
que si.
Analizando la
profundidad de dicha frase, podemos
notar que existen varias cosas
implícitas. Sin embargo, la propia
realidad del manifestante es la que
más resalta.
Monseñor
Agustín Román, obispo auxiliar de la
Diócesis de Miami siempre dice: “La
Iglesia no es un museo de santos
sino un hospital de pecadores.” En
otras palabras, es obvio que en la
Iglesia encontrarás personas
incomprensibles, calumniadoras,
selectivas, egoístas, chismosas,
traicioneras y por qué no,
hipócritas también. Yo siempre he
dicho que para encontrar lo peor,
uno solamente necesita llegarse a la
parroquia más cercana.
Allí encontrarás todo tipo de
pecador, desde los menos malos hasta
los peores. ¿Y sabes por que esos
“hipócritas” o pecadores asisten a
tu parroquia? Simplemente
porque no necesitan médico los
sanos; sino los
enfermos
(Marcos.2:17).
La ignorancia
o tal vez la memoria de teflón
conduce a dicha actitud o
comentario, ya que muchos no saben
que es exactamente por estos
“hipócritas” que Jesús murió en una
cruz. No fue para negociar una pose
con la revista “National Geographic”
o para llenar las páginas de la
historia. Jesús vino exclusivamente
a salvar a los pecadores
“hipócritas.”
Hermanos, este
tipo de comentario no es un invento
reciente. Es más viejo que andar a
pie, porque siempre el ser humano ha
sentido la necesidad de proyectar o
transferir sus culpas y errores a
otras personas. De esta manera, la
realidad de su propia condición es
encubierta por el nuevo enfoque en
las faltas de su hermano. Y, a su
vez, es una técnica que mentalmente
reduce el auto-sentido de
culpabilidad. De esa misma forma lo
hicieron los fariseos, “ ...¿Por qué
come con los que recaudan impuesto
para Roma y con pecadores? (Marcos
2:16). Los fariseos son los primeros
que lanzan la
piedra, los profesionales con esta
actitud.
También
encontramos esta actitud en el
evangelio de San Juan “...Maestro,
esta mujer ha sido sorprendida
cometiendo adulterio. En la ley de
Moisés se manda que tales mujeres
deban morir apedreadas. ¿Tu qué
dices? La pregunta iba con mala
intención, pues querían encontrar un
motivo para acusarlo. Jesús se
agachó y se puso a escribir con el
dedo en la tierra. Como ellos
insistían en preguntarle, Jesús se
levantó y les dijo: --Aquel de
ustedes que no tenga pecado,
que le tire la primera
piedra. Después se agachó
de nuevo y siguió escribiendo en la
tierra. Al oír esto se fueron uno
tras otro, comenzando por los más
viejos, y dejaron solo a Jesús con
la mujer, que continuaba allí frente
a El. Jesús se levantó y le
preguntó: ¿Dónde
están? ¿Ninguno de ellos se ha
atrevido a condenarte? Ella le
contestó: Ninguno, Señor...”
(Jn. 8:4-11) Por eso es que nadie
tiene el derecho a tirar piedras y
más cuando el techo de uno es de
cristal.
¿Y sabes qué? Lo
más triste de todo es que estos
hermanos que acusan sin darse
cuenta, terminan acusándose a ellos
mismos y descubriendo que el
verdadero hipócrita es uno mismo.
“...Hipócrita,
saca primero la viga de tu ojo, y
entonces verás bien para sacar la
basura del ojo de tu hermano.”
(Lc. 6:42). Así mismo es hermano.
Tus propias palabras regresarán como
bumerán.
Por eso en vez de
andar criticando, cuida mejor que no
caigas en lo que cayeron los
fariseos, los que criticaban la paga
de impuesto y luego terminaban
saqueándole el dinero a los pobres
con la excusa de que era para el
templo; también criticaban a los
pecadores y eran más pecadores que
la gente del pueblo. Por eso Jesús
los llama
sepulcros blanqueados.
Ah, y qué me
dices de Judas que armó un alboroto
por el valor de un frasco de
perfumes que derramaron sobre los
pies de Jesús (Jn. 12:4-6) para
luego vender a Jesús (quien no tiene
precio) por treinta monedas. Esta
ley de la viga (como yo le llamo) no
falla. Todo lo que uno critica o
juzga 1)lo ha hecho, 2)lo está
haciendo, 3) o terminará por
hacerlo.
Además, no nos
conviene señalar porque Jesús dijo:
“No
juzguen, y Dios no los juzgará; no
condenen, y Dios no los condenará,
perdonen, y Dios los perdonará...”
(Mt.6:37). San Pablo también se hace
eco del mismo consejo, “...Pero
tú, ¿por qué juzgas mal a tu
hermano? ¿Por qué lo deprecias?
Todos vamos a comparecer ante el
tribunal de Dios...” (Rom
7:10). Y si todavía no estás
convencido, escucha lo que está
escrito en la carta de Santiago. “No
hablen mal unos de otros, hermanos.
El que habla mal de un hermano o lo
juzga, esta criticando y juzgando a
la ley. Y si te constituyes en juez
de la ley, ya no eres cumplidor de
la ley, sino su juez. Pero uno solo
es el legislador y el juez: el que
puede salvar y condenar. ¿Quién
eres tu para juzgar al prójimo?
(St. 4:11-12) Más claro, ni
el agua.
Pero eso no es
todo. Yo creo que sería tonto dejar
de entrar en el cielo por los
pecados o por las actitudes de
otros. Si fulano o mengano hizo
algo, ¿por qué tienes que ser tú el
que se aleja de la Iglesia? Dicha
acción solamente te ganará una
fuerte condena porque el camino al
cielo comienza en la Iglesia y en tu
comunidad.
En fin, nadie
es perfecto. Todos cometemos
errores. Todos somos pecadores y
estamos en la Iglesia porque
necesitamos de Jesús, del doctor. De
nada vale que gastemos nuestro
tiempo señalando la paja que tiene
nuestro hermano en el ojo. En eso no
hay ganancia. La ganancia está en
que nos ganemos a nuestro hermano
para Cristo. “Yo
les aseguro: también en el cielo
habrá más alegría por un pecador que
se arrepiente que por noventa y
nueve justos que no necesitan
arrepentirse.” (Lc.
15:7)
Oremos: Señor,
ayúdanos siempre a ser
misericordioso con nuestros hermanos
y en caso que se nos olvide,
ayúdanos a recordar que no debemos
tirar piedras porque nuestro techo
es de cristal. Amén.
Los
católicos vamos a misa el domingo
porque…
Es el dia
de descanso
Fue el dia
en que resusitó Cristo
Es una
tradicción
Es el
ultimo dia de la semana
Resultado
de un concilio |