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No tires más piedras

     

Written by Carlos Coello   

Monday, 22 January 2007


         Después de un cordial y emotivo saludo, de una demostración auténtica e interesada por el bienestar del hermano; después de la pregunta transitoria: ¿Qué pasa que ya no participas en el grupo o vienes a misa?, llega la famosa frase de respuesta: “Bueno, la verdad es que yo no he seguido asistiendo al grupo o a la Iglesia porque la mayoría de las personas allí son unos hipócritas.” ¿Alguna vez has escuchado esta frase? Seguro que si.

Analizando la profundidad de dicha frase, podemos notar que existen varias cosas implícitas. Sin embargo, la propia realidad del manifestante es la que más resalta.

Monseñor Agustín Román, obispo auxiliar de la Diócesis de Miami siempre dice: “La Iglesia no es un museo de santos sino un hospital de pecadores.” En otras palabras, es obvio que en la Iglesia encontrarás personas incomprensibles, calumniadoras, selectivas, egoístas, chismosas, traicioneras y por qué no, hipócritas también. Yo siempre he dicho que para encontrar lo peor, uno solamente necesita llegarse a la parroquia más cercana.  Allí encontrarás todo tipo de pecador, desde los menos malos hasta los peores. ¿Y sabes por que esos “hipócritas” o pecadores asisten a tu parroquia? Simplemente porque no necesitan médico los sanos; sino los enfermos (Marcos.2:17).

La ignorancia o tal vez la memoria de teflón conduce a dicha actitud o comentario, ya que muchos no saben que es exactamente por estos “hipócritas” que Jesús murió en una cruz. No fue para negociar una pose con la revista “National Geographic” o para llenar las páginas de la historia. Jesús vino exclusivamente a salvar a los pecadores “hipócritas.”

Hermanos, este tipo de comentario no es un invento reciente. Es más viejo que andar a pie, porque siempre el ser humano ha sentido la necesidad de proyectar o transferir sus culpas y errores a otras personas. De esta manera, la realidad de su propia condición es encubierta por el nuevo enfoque en las faltas de su hermano. Y, a su vez, es una técnica que mentalmente reduce el auto-sentido de culpabilidad. De esa misma forma lo hicieron los fariseos, “ ...¿Por qué come con los que recaudan impuesto para Roma y con pecadores? (Marcos 2:16). Los fariseos son los primeros que lanzan la  piedra, los profesionales con esta actitud.

También encontramos esta actitud en el evangelio de San Juan “...Maestro, esta mujer ha sido sorprendida cometiendo adulterio. En la ley de Moisés se manda que tales mujeres deban morir apedreadas. ¿Tu qué dices? La pregunta iba con mala intención, pues querían encontrar un motivo para acusarlo. Jesús se agachó y se puso a escribir con el dedo en la tierra. Como ellos insistían en preguntarle, Jesús se levantó y les dijo: --Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra. Después se agachó de nuevo y siguió escribiendo en la tierra. Al oír esto se fueron uno tras otro, comenzando por los más viejos, y dejaron solo a Jesús con la mujer, que continuaba allí frente a El. Jesús se levantó y le preguntó:  ¿Dónde están? ¿Ninguno de ellos se ha atrevido a condenarte? Ella le contestó: Ninguno, Señor...” (Jn. 8:4-11) Por eso es que nadie tiene el derecho a tirar piedras y más cuando el techo de uno es de cristal.

            ¿Y sabes qué? Lo más triste de todo es que estos hermanos que acusan sin darse cuenta, terminan acusándose a ellos mismos y descubriendo que el verdadero hipócrita es uno mismo. “...Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la basura del ojo de tu hermano.” (Lc. 6:42). Así mismo es hermano. Tus propias palabras regresarán como bumerán.

            Por eso en vez de andar criticando, cuida mejor que no caigas en lo que cayeron los fariseos, los que criticaban la paga de impuesto y luego terminaban saqueándole el dinero a los pobres con la excusa de que era para el templo; también criticaban a los pecadores y eran más pecadores que la gente del pueblo. Por eso Jesús los llama sepulcros blanqueados.

Ah, y qué me dices de Judas que armó un alboroto por el valor de un frasco de perfumes que derramaron sobre los pies de Jesús (Jn. 12:4-6) para luego vender a Jesús (quien no tiene precio) por treinta monedas. Esta ley de la viga (como yo le llamo) no falla. Todo lo que uno critica o juzga 1)lo ha hecho, 2)lo está haciendo, 3) o terminará por hacerlo.

Además, no nos conviene señalar porque Jesús dijo: “No juzguen, y Dios no los juzgará; no condenen, y Dios no los condenará, perdonen, y Dios los perdonará...” (Mt.6:37). San Pablo también se hace eco del mismo consejo, “...Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo deprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios...” (Rom 7:10). Y si todavía no estás convencido, escucha lo que está escrito en la carta de Santiago. “No hablen mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o lo juzga, esta criticando y juzgando a la ley. Y si te constituyes en juez de la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez. Pero uno solo es el legislador y el juez: el que puede salvar y condenar. ¿Quién eres tu para juzgar al prójimo? (St. 4:11-12) Más claro, ni el agua.

Pero eso no es todo. Yo creo que sería tonto dejar de entrar en el cielo por los pecados o por las actitudes de otros. Si fulano o mengano hizo algo, ¿por qué tienes que ser tú el que se aleja de la Iglesia? Dicha acción solamente te ganará una fuerte condena porque el camino al cielo comienza en la Iglesia y en tu comunidad.

En fin, nadie es perfecto. Todos cometemos errores. Todos somos pecadores y estamos en la Iglesia porque necesitamos de Jesús, del doctor. De nada vale que gastemos nuestro tiempo señalando la paja que tiene nuestro hermano en el ojo. En eso no hay ganancia. La ganancia está en que nos ganemos a nuestro hermano para Cristo. “Yo les aseguro: también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse.” (Lc. 15:7)

Oremos: Señor, ayúdanos siempre a ser misericordioso con nuestros hermanos y en caso que se nos olvide, ayúdanos a recordar que no debemos tirar piedras porque nuestro techo es de cristal. Amén. 

Los católicos vamos a misa el domingo porque… 

Es el dia de descanso

Fue el dia en que resusitó Cristo

Es una tradicción

Es el ultimo dia de la semana

Resultado de un concilio

 
 
 

    


 


 

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