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Me refiero a un jardín botánico, en
especial, a un jardín de flores.
Cuánta belleza
natural encontramos al contemplar un
parque verde, lleno de una variedad
enorme de flores, todas
estratégicamente adornando el
entorno, alimentadas, regadas con
agua limpia y fresca y todo tipo de
cuidados contra los insectos…. Me
refiero a un jardín botánico, en
especial, a un jardín de flores.
Nuestros ojos se recrean y se
admiran ante la pincelada perfecta,
el color esplendoroso, y el aroma
celestial que cada una contribuye al
jardín. Nuestro corazón se llena de
mucha alegría, respiramos
ligeramente y se enamora uno de ese
lugar.
Sin duda, es un placer
gratuito que el creador nos regala y
que sentimos en lo más profundo de
nuestra alma.
Nuestro Señor también tiene un
jardín entre nosotros. Como las
flores, cada uno de nosotros
tiene una peculiaridad, un
color, un aroma, una
personalidad; somos únicos ante
el Señor. Él nos alimenta con su
cuerpo y con su sangre en la
eucaristía; nos riega con su
Santo Espíritu. Él es el agua
viva que nos riega y alimenta;
es la luz que a diario buscamos
y necesitamos, de la misma
manera que las flores dependen
del sol. Si dejamos que Él sea
nuestro jardinero, nuestras
vidas florecerán siempre, y de
nuestra actitud manará un aroma
tan exquisito y una belleza tan
grande como el de las flores de
su jardín. De igual forma que un
jardinero le habla a sus flores,
las cuida, las quiere y protege,
asimismo Jesucristo, como
magnifico jardinero se hace
nuestro amigo y nos invita a que
encontremos a otros más con
quien compartir los regalos que
nos ha dado.
Ahora es nuestra oportunidad,
especialmente en este mes de
febrero, mes que promueve la
solidificación de las relaciones
humanas como la amistad y el
amor entre parejas y amigos. Por
eso vale la pena preguntarte: ¿Eres
tú un buen amigo? ¿Amas tu a
Jesús como Jesús te ama a ti?
¿Te preocupas tú por fortalecer
y profundizar tu amistad con tus
amigos? ¿Tienes amigos
confiables y capaces de promover
y activar lo mejor en ti? Todas
estas preguntas sólo tú las
puedes responder. Nosotros tan
sólo podemos guiarte en el arte
de la amistad.
Entre los consejos que te
podemos ofrecer para que mejores
tu papel o lugar en el jardín
del amor y de la amistad, te
sugerimos que te busques un buen
amigo. La palabra de Dios dice:
“Quien ha encontrado un amigo ha
encontrado un tesoro.” Los
buenos amigos nos apoyan en los
momentos más difíciles de
nuestra vida. Y para alcanzar el
éxito, son un requisito.
Si ya tienes uno, preocúpate
entonces por forjar y alimentar
esa amistad. Comparte más a
menudo. Interésate por su vida,
sus proyectos, sus necesidades.
Reconoce y agradece su
influencia en tu vida. Esta es
el agua que da vida a tu jardín.
Y por supuesto que me imagino
que entre tus amigos, esté Jesús
como primero en la lista porque
Él es ese amigo que nunca falla.
Sólo Jesús te puede enseñar los
patrones de la verdadera amistad.
Sólo Él te puede enseñar a ser y
a escoger buenos amigos.
No te olvides que fuimos creados
para complementarnos los unos a
los otros. “En la unión está la
fuerza.” Trabajemos juntos y con
amor para que nuestro papel en
el jardín terrenal sea más
bonito cada día. Roguemos al
Señor...Amén.
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