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¿Qué
clase de pastor eres tú?
Written by Carlos Coello
Friday, 16 February 2007
En el tiempo de Jesús habían dos tipos de
pastores: aquellos que cumplían su trabajo
con amor y dedicación y aquellos que
abandonaban a las ovejas en peligro. Jesús
en su momento se define como el buen pastor.
“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la
vida por las ovejas; no como el jornalero
que ni es verdadero pastor ni propietario de
las ovejas. El jornalero cuando ve venir al
lobo, las abandona y huye. Y el lobo las
arrebata y las dispersa.” (Juan 10:11-12).
Y sin duda lo fue. No existe prueba más
contundente que la misma cruz. Es allí que
Jesús como El buen pastor da la vida por las
ovejas.
Situándonos en contexto, recordemos que el
pueblo de Israel había venido caminando por
muchísimo tiempo en tinieblas. Y en el
tiempo de Jesús, esas tinieblas se
agudizaron aún más ya que el pueblo vivía
entre lobos rapaces: los fariseos, los
escribas, y los soldados romanos quienes
imponían cargas pesadas sobre los hijos de
Dios. Sin embargo, Jesús se compadece de
ellos “Al desembarcar, vio Jesús un gran
gentío, sintió compasión de ellos, pues eran
como ovejas sin pastor, y se puso a
enseñarles muchas cosas.” (Marcos 6, 34) ¿Te
compadeces tú también de las ovejas que Dios
te ha encargado?
Muchas veces me ha tocado el privilegio de
compartir con otros jóvenes en el trabajo.
Temas que resaltan en nuestras
conversaciones abarcan la escuela,
relaciones amistosas y de parejas,
relaciones con sus padres, visión de la vida,
expectativas, sueños, y penas. Y es doloroso
en muchas ocasiones poder palpar en vivo la
miseria que acompaña las vidas de estos
jóvenes porque las decisiones que han tomado
en sus vidas han generado consecuencias como
depresión, inseguridad, miedos, falta de
sentido a la vida y falta de dirección por
mencionar algunas. Se me quiebra el alma
presenciar tanta desorientación. Y todo
porque no conocen a Jesús, quien es el
camino, la verdad y la vida; ni conocen a su
Padre celestial, quien los ama con locura.
Ni mucho menos conocen al Espíritu Santo
quien nos colma de sabiduría. Y siempre me
pregunto: ¿Qué puedo hacer?
Hay tantas cosas que uno puede hacer. Por
ejemplo, podemos invitarlos al grupo, a que
visiten nuestro website, hablarles de Jesús,
testificar con nuestras vidas la actitud y
la fe Cristiana, entregarles un escrito, un
consejo, una palabra de aliento, ser
cariñoso con ellos, etc.
Y con los que han dado señal de apertura al
Señor también se puede hacer muchísimo. Por
ejemplo, podemos de vez en cuando llamarles
para confirmarlos en la fe (Lc 22:32),
animarlos a que regresen al grupo, a que
continúen participando, demostrarles que los
queremos y que siempre estaremos allí para
ellos, rezar con ellos, etc.
Claro que todo esto implica salirme de mi
agenda personal y buscar el bien espiritual
ajeno. Si yo me encierro en mis cosas
personales, en mi cansancio humano, en mi
egoísmo, en mis metas, deseos, novelas,
programas televisivos u otras cosas, falto a
mi compromiso y termino como “el jornalero
que ni es verdadero pastor ni propietario de
las ovejas. El jornalero cuando ve venir al
lobo, las abandona y huye.” Es que realmente
no le interesa la salud y el bienestar de
las ovejas, sino que solamente se preocupa
por si mismo, por su pellejo, aunque de
todas formas termina muriendo también. Claro,
es triste pero cierto. Hay consecuencias
cuando nos comportamos como el jornalero.
“¡Ay de los pastores que extravían y
dispersan el rebaño de mis pastizales! Por
eso, así dice el Señor, Dios de Israel,
contra los pastores que pastorean a mi
pueblo: Ustedes han dispersado mi rebaño, lo
han ahuyentado sin preocuparse de él. Pero
yo me voy a ocupar ahora de ustedes y
castigaré sus malas acciones. Yo mismo
reuniré el resto de mis ovejas de todos los
países por donde las dispersé y las traeré a
sus praderas, donde crecerán y se
multiplicarán. Pondré al cuidado de ellas
pastores que las apacentarán; no temerán más
ni se espantarán, ni volverá a faltar
ninguna. Palabra del Señor.” (Jeremías 23,
1-6)
Y no crean que es difícil caer en el error.
El sólo demostrar indiferencia y falta de
consistencia en nuestro trabajo conlleva a
que las ovejas se dispersen. Por eso yo les
aliento a que hagan siempre lo imposible por
ser aquellos “pastores que las apacentarán”
porque hermano, ese es nuestro trabajo.
¿Pedro, me amas? Entonces, apacienta mis
ovejas (Jn. 21:15-17).Trabajando en equipo
es posible.
Ahora, mira a tu alrededor y descubre cuáles
son tus ovejas—familia, amigos, novia,
miembros de tu grupo…Después pregúntate: ¿Me
asemejo al buen pastor? ¿Soy yo capaz de
sacrificar tiempo, tesoro y talento (dar la
vida) por las ovejas?
Recuerda, hay muchísimas bendiciones si
hacemos nuestro trabajo bien pero también
hay consecuencias si lo hacemos mal.
Espero que un día el Señor te llame “Buen
pastor.”
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