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Quien
no renuncia...no anuncia
Written by Carlos Coello
Thursday, 18 January 2007
“En aquel tiempo caminaba con Jesús una gran
muchedumbre; Él, volviéndose a sus
discípulos les dijo:
«Si alguno quiere seguirme y no me
prefiere a su padre y a su madre, a su
esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser
mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me
sigue, no puede ser mi discípulo. Porque,
quién de ustedes si quiere construir una
torre, ¿no se pone primero a calcular el
costo, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que, después de haber echado los
cimientos no pueda acabarla y todos los que
se enteren comiencen a burlarse de él,
diciendo: “Este hombre comenzó a construir y
no pudo terminar.”O qué rey que va a
combatir a otro rey, ¿no se pone primero a
considerar si será capaz de salir con diez
mil soldados al encuentro del que viene
contra él con veinte mil? Porque si no,
cuando el otro esté aún lejos, le enviará
una embajada para proponerle condiciones de
paz. Así pues, cualquiera de ustedes que
no renuncie a todos sus bienes no puede ser
mi discípulo» (Lucas 14, 25-33).
De vez en cuando se nos hace difícil
comprender el significado pleno de esta
lectura porque tenemos la tendencia a pensar
que el mensaje de nuestro Señor Jesucristo
sólo se aplica a los primeros discípulos, o
que se está refiriendo a los sacerdotes,
obispos, monjas o laicos comprometidos y por
supuesto no a nosotros mismos. Esto es un
problema. Pero ahí no termina, también
aquellos que se apropian de la invitación de
Jesús, tienden a limitarse en su escucha.
Aparentemente, se muestran como discípulos
de Cristo “Yo ayudo” “Yo participo en las
actividades” “Yo tengo un cargo” “Yo
respondo cuando me necesitan” “Yo hice esto
o lo otro.” Y qué bueno que de cierta manera
están dando frutos, pero no todo fruto es
dulce y deseado. Bajo la mirada de Dios,
cada fruto necesita cumplir con ciertos
requisitos de calidad. Cada fruto tiene que
anunciar.
Así pues, cualquiera de ustedes que no
renuncie a todos sus bienes no puede ser mi
discípulo.
Jesús es claro y preciso. Quien no renuncie
a todos sus bienes no puede ser su discípulo.
Y como sabemos, el discípulo es aquel que
anuncia la buena nueva, no sólo con palabras
sino con su testimonio de vida.
Ahora, yo se que muchos de nosotros se
consideran discípulos de Jesús, al menos en
teoría. ¿Pero, eres tú un discípulo en la
práctica?
Esto se puede averiguar en un momento—solamente
analízate en pos de las siguientes preguntas:
¿Quién o qué cosa está primero—mi
responsabilidad en el grupo o mis proyectos
en la escuela, mi trabajo, mi amigo, mi
familia, un programa de televisión o mi
pereza?
Claro que yo se que tenemos
responsabilidades laborales y escolares que
demandan de nuestro tiempo y atención y que
tal vez se agudizan en los momentos que Dios
o el grupo nos necesita más. Seguir a Dios
no es fácil; requiere de sacrificios,
renuncia y entrega.
¿Cómo así? Sería buena idea comenzar por
dedicarle tiempo a Jesús de la misma manera
que lo haces en otras áreas de tu vida. Por
ejemplo, cuando tenemos una tarea o un
trabajo pendiente en la escuela o el trabajo,
hacemos todo para no dejarlo inconcluso. Sin
duda alguna somos cumplidores y muy rápidos
para no quedar mal, al punto de dejar o
echar a un lado las responsabilidades que
tenemos con el grupo. Eso demuestra la gran
fidelidad y apego que tenemos para con las
cosas materiales y con los demás, olvidando
que el mismo Dios nos llama a amarlo y
servirlo a Él sobre todas las cosas. ¿Acaso
no andamos profesando siempre que Dios está
primero? Entonces vivamos lo que profesamos
y renunciemos a todo. Estemos atentos y
dispuestos a sacrificar unas horas de sueño,
de televisión, de juegos. Aprendamos a
utilizar mejor nuestro tiempo dándole
prioridad a las labores que se nos piden.
¿Por qué? Porque además de la razón obvia,
el que no renuncia no anuncia. Como líder,
tú eres ejemplo para los demás. Si los demás,
incluyo al core-team y a los co-líderes, no
ven en ti una actitud de sacrificio y
entrega que concuerde con las
características de un servidor, ¿crees que
un día quieran y logren ser discípulos de
Jesús? Pues claro que no. Y es más, no te
van a escuchar cuando les anuncies a Cristo.
Perderás veracidad y autenticidad!!!
Por eso, te invito de todo corazón a que
renuncies a tu esquema, a tu comodidad, a tu
orden de prioridades. Si no renuncias no
puedes ser discípulo. Sólo si renunciamos
podemos anunciar el mensaje de Cristo.
“Si alguno quiere seguirme y no me
prefiere a su padre y a su madre, a su
esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser
mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me
sigue, no puede ser mi discípulo.
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