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Ustedes son
la sal y la luz del mundo
Written by Carlos Coello
Monday, 08 January 2007
Antes de comenzar con la palabra de vida,
analicemos algunas ideas. En la antigüedad,
la sal era muy valiosa ya que no sólo
transformaba el gusto de los alimentos sino
que también los preservaba. Además, este
ingrediente era usado como medio de pago y
signo al hacer ofrendas rituales y sellar
pactos. Ahora leamos la siguiente lectura:
“Ustedes son la sal de la tierra; pero si la
sal pierde su sabor, ¿con qué se salará? Ya
no sirve para nada, sino para tirarla fuera
y que la pisen los hombres. Ustedes son la
luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad
situada en la cima de una montaña. Tampoco
se enciende una lámpara de aceite para
cubrirla con una vasija de barro; sino que
se pone sobre el candelero, para que alumbre
a todos los que están en la casa. Brille su
luz delante de los hombres de modo que, al
ver sus buenas obras, den gloria a su Padre
que está en los cielos.” (Mat. 5:13-16)
Más claro ni el agua. Nuestra misión como
cristianos es ser luz y sal de la tierra.
Cada uno, independiente de la posición que
tengamos dentro del grupo, está llamado a
llevarle al mundo la buena nueva del Señor,
ese camino, verdad y vida que conduce al
Padre, especialmente ahora más que nunca.
¿Por qué? La razón es simple. Decía su
excelencia Fulton Sheen, “sin esperanza el
corazón se quiebra.” Sin esperanza, el mundo
se quiebra también. Es más, hace rato que
está más que quebrado. Las guerras son un
vivo testimonio de esta triste realidad. Mas
sin embargo, tu y yo juntos podemos cambiar
ese mundo. ¡Claro que sí! Y no me refiero a
todo el mundo pero si al mundo más cercano a
ti: tu parroquia, tu centro de trabajo, tus
compañeros de escuela, tus familiares, tu
novio o novia. Con sólo hacerles ver el amor
y la misericordia de Dios, su bondad, paz y
justicia, la alegría que mana por conocerle
y servirle, ya ganaríamos bastante terreno.
Pero hay un problema. Casi siempre estamos
dormidos. Pareciera como si en vez de ser
lámparas, fuéramos el humo que se desprende
después que se ha consumado el aceite; como
si fuéramos la sal que “ya no sirve para
nada, sino para tirarla fuera y que la pisen
los hombres.”
¿Hasta cuándo vamos a desperdiciar la
oportunidad de darle sabor a la vida
insípida de un joven? ¿Hasta cuándo nos
vamos a negar a ser esa luz “que alumbra a
todos los que están en la casa”? ¿Hasta
cuándo?
Por eso, a ti te digo: Líder, despierta y
comienza a ser útil. Para mañana es tarde.
Ahora es el tiempo, ahora es el momento.
Ahora, haz silencio en tu corazón y medita
todo lo que has leído. Luego, respóndete
esta pregunta ¿Quieres ser sal? No lo
olvides, ese es tu llamado.
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