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Ánimo,
sigue y no te des por vencido
Written by Carlos Coello
Friday, 29 December 2006
“Estaba Jesús en cierta ocasión a la orilla
del lago de Genesaret y de repente se juntó
un gentío para oír la palabra de Dios. Vio
entonces dos barcas a la orilla del lago:
los pescadores habían desembarcado y estaban
lavando las redes. Subió a una de las barcas,
que era de Simón, y le pidió que la separara
un poco de tierra. Se sentó y enseñaba a la
gente desde la barca. Cuando terminó de
hablar, dijo a Simón:
--Rema hacia dentro del lago y echen las
redes para pescar.
Simón respondió:
--Maestro, estuvimos toda la noche
intentando pescar, sin conseguir nada, pero
sólo porque tu lo dices, echare las redes.
Lo hicieron y capturaron una gran cantidad
de peces. Como las redes se rompían,
hicieron señas a sus compañeros de la otra
barca para que vinieran a ayudarlos.
Vinieron y llenaron tanto las dos barcas,
que casi se hundían.” (Lc. 5:1-7).
Quizás esta sea una de las lecturas más
exacta para describir el estado espiritual
de un líder cansado dice el hermano Salvador
Gómez. Tiramos las redes y no viene casi
nadie. Como si fuera poco, los poquitos que
vienen se van porque las redes están viejas
y tienen huecos. Hace frío. Estamos
agobiados, soñolientos, desesperanzados,
frustrados, tristes y hambrientos. Todo
nuestro esfuerzo parece ser en vano. No
vemos por ningún lado el fruto de nuestro
trabajo. Ya no podemos más. Lo único que
queremos es descansar en paz, tirar la
toalla y desligarnos por completo. “¿Para
qué seguir?”
Así nos sentimos muchísimas veces. Y así se
sentía Simón en ese momento. ¿Y saben qué?
Es algo natural y humano. Pero no es una
razón para darse por vencido. ¡Qué va! Al
contrario, éste es un momento para
comprometerse aun más que nunca.
¡Sí! Yo se que nuestra posición como líderes
no es fácil por varias razones. Como otros
jóvenes, tenemos responsabilidades, amigos,
familia y necesidades. Añadiendo a los retos,
nuestro amadísimo Señor Jesucristo nos pide
que «Si alguno quiere seguirme y no me
prefiere a su padre y a su madre, a su
esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser
mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me
sigue, no puede ser mi discípulo.” (Lc.
14:26-28). Y en cima de esto, Satanás
constantemente trata de sacudirnos como al
trigo de la misma forma que lo hizo con
Simón (Lc. 22:31).
Por otro lado, los co-líderes se desaparecen,
trabajan de manera irresponsable, no
obedecen y critican. En el grupo se crean
chismes, divisiones, celos, subgrupos,
envidia, y ausentismo. Se entra en conflicto
con otros grupos juveniles también, con la
comisión juvenil de la parroquia, con
líderes de otros grupos parroquiales, etc.
El párroco en muchas ocasiones no apoya. En
fin, todo parece confabular contra uno a tal
punto que uno se pregunta: ¿Hasta cuándo?
Sin embargo, y a pesar de dichos obstáculos,
hay esperanza porque es precisamente en los
momentos más difíciles nos invita a tomar
con mas pasión nuestra misión: “Rema hacia
el centro del lago y echen las redes para
pescar.”
¿Qué debes hacer? Pues primeramente, para
vencer el desánimo, debemos dejar que Jesús
entre en nuestra barca. Sí, saca la idea de
llevar el grupo a tu forma. Borra todos los
esquemas personales de tu mente y deja que
Jesús entre en los planes, en tu bote.
Segundo, escucha su palabra. Rema hacia el
centro del lago y echen las redes para
pescar. Yo se que es difícil porque como
Simón siempre tenemos una excusa valida,
Maestro, estuvimos toda la noche intentando
pescar, sin conseguir nada. Y es verdad.
Pero también Simón dice y hace: pero sólo
porque tú lo dices, echaré las redes. Aquí
está el secreto. Vuelve a repartir volantes,
vuelve a invitar a tus amigos, vuelve a
reunirte con los co-líderes, vuelve a hablar
con el párroco, reconcíliate con los demás
grupos, vuelve a desarrollar tu función al
máximo, etc. No tengas miedo. Jesús está
contigo y no solo en la barca sino que
también está personalmente orando “…por ti,
para que tu fe no decaiga…”(Lc. 22:32). ¡Hermanos,
esto es genial!
Y tercero, asegúrate que las redes estén
listas. Me encanta el final de este
encuentro con el Señor. “Lo hicieron y
capturaron una gran cantidad de peces. Como
las redes se rompían, hicieron señas a sus
compañeros de la otra barca para que
vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron
tanto las dos barcas, que casi se hundían.”
Sí, vas a tener que pedir auxilio a otros
grupos porque la pesca va a ser inmensa. Vas
a tener que mudarte de salón.
Hermanos, no es por gusto que la Biblia dice
que en Cristo somos más que vencedores
(Marcos 9:23). Olvídate de la noche oscura
de ayer. Hoy es un nuevo día. Hoy Jesús está
contigo. Animo, sigue, y no te des por
vencido.
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