|
Written by Maria
de Jesús Tinoco
|
|
Sunday, 01 July 2007 |
Tengo un compañero de trabajo
que tiene gran talento para
tomar fotografías de paisajes
naturales, usualmente me
comparte las fotografías que
tiporque sabe que yo también
disfruto mucho de ellas. El otro
día me mostró una que tomó
mientras estaba en la playa. Era
el retrato de un limón que
estaba sobre la arena. Le
pregunté si él había llevado el
limón hasta ahí con algún
propósito, me contestó que no.
-¿Qué hacía un limón en la
playa?--pregunté. No lo sé- me
contestó, simplemente estaba ahí.
Me quedé observando la
imágen por algunos segundos
y sin querer comencé a
meditar acerca de ella. Por
momentos me siento como ese
limón, pensé para mis
adentros.
A veces tiendo
a ir por la vida sin entender el por
qué me encuentro en determinada
situación o lugar, como suspendida
en el tiempo y el espacio. ¿Quién no
se ha sentido con falta de
pertenencia alguna vez?...
Frases como ¿Qué
estoy haciendo aquí? ¿Por qué a mí?
o “Yo no tengo ninguna necesidad de
pasar por esto”, vienen a nuestra
mente, sobre todo cuando se trata de
momentos difíciles en nuestras vidas,
cuando se trata de asimilar y
aceptar lo que nos toca vivir. Son
nuestras conclusiones individuales
las que no nos dejan ver más allá y
muchas veces nos ciegan a ver lo que
Dios quiere enseñarnos. Es
precisamente el hecho de cuestionar
tanto todo lo que nos sucede, lo que
nos impide llegar a comprender las
razones por la que debemos sentirnos
agradecidos en cada circunstancia. Y
es que nos cuesta trabajo entender
que estamos llamados a vivir en este
mundo pero que al final no
pertenecemos completamente a él, que
debemos aprender a ir por la vida
con los pies bien puestos en el
suelo pero con nuestra mente y
espíritu siempre elevados al cielo.
Es triste que nuestro ego nos haga
aferrarnos tanto a lo mundano, para
satisfacernos momentáneamente. La
vida es nuestra “estancia en la
arena” Y hay una razón por y para la
cual hemos sido creados y estamos
aquí. Al igual que había una razón
por la cual ese limón debía estar
ahí en ese momento. ¿Cómo hubiera
podido mi amigo tomar esa fotografía
en ese momento sin el limón? Tal vez
yo no hubiera podido meditar tan
profundamente en lo que ahora
escribo sin haber visto esa imágen.
El limón en la
arena me recordó que no importa cuan
perdida me sienta a veces en mi paso
por esta vida o cuan sin sentido
todo pueda parecer tal o cual
situación. No es tiempo de encontrar
respuestas, al final todo forma
parte de un “TODO” y ese todo
siempre es temporal, porque Dios
tiene el momento exacto para todas y
cada una de nuestras situaciones…
Señor: Que yo
aprenda a ser feliz cada momento de
mi vida, que yo acepte sin amarguras
los momentos que me toca “estar en
la arena”, que sea capaz de
agradecerte cada instante de mi vida
todas mis experiencias, buenas o
malas. Todo te pertenece y al final
sólo me gustaría llegar al lugar que
verdaderamente pertenezco…contigo
Señor. |